Naciendo entre la hierba estaba una bella flor,
Bajo un gran árbol que la luz solar obstruía.
En sus pétalos rosados angustioso llamado había,
Al sol, para que le diera una centella de calor...

Mas el sol, que sus cálidos rayos dispersaba
De la infeliz, cubierta de hielo, se reía,
Y, ostentando su orgullo con sacrílega osadía,
Más y más de la pequeña flor se alejaba...

En desesperación, juntando los pétalos y pidiendo
Al sol un cálido abrazo de amor vivificante,
Desprendió su perfume como estrellas al cielo subiendo,
Como si fuera su último suspiro en aquel instante...

Agonizante, la pequeñita flor aún tuvo aliento
Y, en inaudible plegaria, suplicó por un momento:
- Sol, tú que tienes el poder de alumbrar el día,
te pido, por Dios, desnúdame de ropaje tan frío...

El árbol, apiadado, sus amplias ramas apartó,
Dejando pasar un rayo que a la flor resucitó...
Ella miró al sol y, pálido, le vio triste llorando,
Ocultándose en el horizonte y su perdón clamando...


Autora: Maria Hilda de J. Alão